El proceso queda a la vista
Cuando llega un lote nuevo, lo catamos antes de sumarlo al catálogo y dejamos la ficha abierta: perfil de sabor, altura de cultivo declarada por el productor y método de filtrado con el que mejor se comporta. Si una hoja nos obliga a cambiar la temperatura o el tiempo de reposo respecto de lo que esperábamos, lo escribimos. Esa corrección es parte del registro, no un detalle que borramos para que la ficha quede prolija.
Condiciones claras, sin letra chica
Las fichas de cata reúnen siempre los mismos campos para que puedas comparar dos hojas sin adivinar. Cuando un dato no está confirmado —por ejemplo, la altura exacta de un cultivo del que el proveedor no dio cifra— lo dejamos como pendiente en lugar de completarlo con un número aproximado. Preferimos una ficha incompleta y honesta antes que un dato inventado que después no se sostiene en la taza.
Comunicación sin adornos
Si te escribimos para coordinar una cata guiada o una consulta sobre hojas sueltas, vas a recibir la información concreta: qué vamos a preparar, qué necesitás llevar y qué variables vamos a revisar. No mandamos recordatorios automáticos ni mensajes que prometan una experiencia que no podemos garantizar. La comunicación es breve y responde a lo que preguntaste.
Documentamos cada etapa
Cada preparación que probamos en la bitácora queda con su anotación de temperatura, tiempo de reposo y una descripción honesta del resultado, incluso cuando la infusión salió áspera o plana. Esos registros son los que después usamos para ajustar las recomendaciones de filtrado por goteo, tetera de hierro fundido o filtro reutilizable. El método se corrige con lo que efectivamente pasa en la taza, no con lo que nos gustaría que pasara.